Mi amigo quiere algo que yo tengo muy sabroso
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Mi amigo quiere algo que yo tengo muy sabroso
Recuerdo una noche en la que mi amigo, Juan, se presentó en mi apartamento con un deseo apremiante en los ojos. Le pregunté qué necesitaba y me respondió de manera directa: "Quiero algo que tú tienes muy sabroso". Su mirada era un llamado explícito a la acción. Yo sabía exactamente de qué estaba hablando, y mi cuerpo respondió de inmediato.
Juan y yo habíamos compartido muchas noches de sexo intenso, pero esa vez quería algo más específico. Le dije que estaba dispuesto a complacerlo, pero necesitaba saber qué era exactamente lo que él quería. Me miró con una sonrisa traviesa y dijo: "Quiero que me metas tu polla en el culo". La claridad de sus palabras me puso la piel de gallina.
Sabía que Juan había estado buscando algo nuevo en nuestra relación y que estaba listo para explorar su lado más oscuro. Me alegró que me haya elegido a mí para compartir ese momento con él. Comenzamos a prepararnos para el encuentro íntimo, limpiándonos y lubricándonos. La tensión sexual en el aire era palpable.
Me acerqué a él, y con un beso profundo, sentí que la conexión física entre nosotros se intensificaba. Me moví hacia atrás, y con un movimiento suave, comenzé a penetrar su cuerpo. La respuesta de Juan fue inmediata: gemidos, jadeos y una respiración agitada. Sentí que su esfínter se relajaba, permitiendo que mi verga entrara profundamente en su ano.
La penetración fue lenta y deliberada, consciente de la necesidad de Juan de sentir cada movimiento. Me detuve en los puntos más sensibles, sabiendo que la estimulación adecuada podría llevarlo a un orgasmo intenso. La pasión desatada entre nosotros era un fuego en la cama que parecía crecer con cada embestida.
En ese momento, no había nada más importante que la conexión física entre nosotros. La experiencia sexual que compartimos fue una unión profunda, donde ambos estábamos dispuestos a entregarnos completamente. El orgasmo de Juan fue intenso, con un clímax que me dejó sin aliento. En ese momento, sabía que había hecho algo especial, algo que había llevado a Juan a un lugar de placer intenso y conexión profunda.
Esa noche, Juan se quedó en mi apartamento, en la cama, exhausto pero satisfecho. Me miró con una sonrisa, agradecido por la experiencia que habíamos compartido. Me di cuenta de que, en ese momento, no era solo sobre el sexo, sino sobre la conexión y el amor que compartíamos. La experiencia fue una clara indicación de que nuestra relación era más profunda y significativa de lo que ambos habíamos pensado.
Recuerdo una noche en la que mi amigo, Juan, se presentó en mi apartamento con un deseo apremiante en los ojos. Le pregunté qué necesitaba y me respondió de manera directa: "Quiero algo que tú tienes muy sabroso". Su mirada era un llamado explícito a la acción. Yo sabía exactamente de qué estaba hablando, y mi cuerpo respondió de inmediato.
Juan y yo habíamos compartido muchas noches de sexo intenso, pero esa vez quería algo más específico. Le dije que estaba dispuesto a complacerlo, pero necesitaba saber qué era exactamente lo que él quería. Me miró con una sonrisa traviesa y dijo: "Quiero que me metas tu polla en el culo". La claridad de sus palabras me puso la piel de gallina.
Sabía que Juan había estado buscando algo nuevo en nuestra relación y que estaba listo para explorar su lado más oscuro. Me alegró que me haya elegido a mí para compartir ese momento con él. Comenzamos a prepararnos para el encuentro íntimo, limpiándonos y lubricándonos. La tensión sexual en el aire era palpable.
Me acerqué a él, y con un beso profundo, sentí que la conexión física entre nosotros se intensificaba. Me moví hacia atrás, y con un movimiento suave, comenzé a penetrar su cuerpo. La respuesta de Juan fue inmediata: gemidos, jadeos y una respiración agitada. Sentí que su esfínter se relajaba, permitiendo que mi verga entrara profundamente en su ano.
La penetración fue lenta y deliberada, consciente de la necesidad de Juan de sentir cada movimiento. Me detuve en los puntos más sensibles, sabiendo que la estimulación adecuada podría llevarlo a un orgasmo intenso. La pasión desatada entre nosotros era un fuego en la cama que parecía crecer con cada embestida.
En ese momento, no había nada más importante que la conexión física entre nosotros. La experiencia sexual que compartimos fue una unión profunda, donde ambos estábamos dispuestos a entregarnos completamente. El orgasmo de Juan fue intenso, con un clímax que me dejó sin aliento. En ese momento, sabía que había hecho algo especial, algo que había llevado a Juan a un lugar de placer intenso y conexión profunda.
Esa noche, Juan se quedó en mi apartamento, en la cama, exhausto pero satisfecho. Me miró con una sonrisa, agradecido por la experiencia que habíamos compartido. Me di cuenta de que, en ese momento, no era solo sobre el sexo, sino sobre la conexión y el amor que compartíamos. La experiencia fue una clara indicación de que nuestra relación era más profunda y significativa de lo que ambos habíamos pensado.
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