Mi padrastro solo quiere jugar conmigo

Categoría: Videos Gay | 18/11/2025 11:25 | 25 visitas
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Mi padrastro solo quiere jugar conmigo. La línea que me cruzó la mente esa noche en el sofá, mientras él me miraba con una sonrisa pícara y un brillo en los ojos que me hacía sentir cómodo y nervioso a la vez. "Jugar" es una palabra que suena inocente, pero en su boca, era como un susurro de placer.

Recuerdo cómo me sentí, como si la habitación se hubiera detenido en ese momento y todo lo demás hubiera desaparecido. Solo él y yo, conectados por un deseo que parecía haber estado latente entre nosotros durante años, pero que nunca habíamos expresado abiertamente.

La primera vez que sucedió fue una noche de verano, cuando mi madre se había ido a una fiesta y él se quedó a cuidarme. Me acosté en el sofá, y él se sentó a mi lado, acariciándome el pelo y hablando sobre sus días de juventud. Pero a medida que pasaba el tiempo, sus caricias se volvieron más íntimas, más sensual. Me sentí atraído hacia él, pero también me sentí asustado, como si estuviera desafiando una norma que no sabía cómo superar.

Pero él me tomó de la mano y me miró a los ojos, y yo supe que no era solo un gesto de amistad. Era un gesto de deseo, un gesto de conexión física y emocional que me hacía sentir vivo. Me besó suavemente en los labios, y yo me sentí perder el control.

Desde ese día, nuestras "sesiones de juego" se convirtieron en algo regular. Nos sentábamos en el sofá, nos mirábamos a los ojos, y nos permitíamos explorar nuestro deseo mutuo. Fue como si hubiéramos descubierto un nuevo lenguaje entre nosotros, un lenguaje que no requería palabras, solo gestos y miradas.

Y aunque nunca hablamos sobre ello abiertamente, sabíamos que lo que hacíamos era sexo, relaciones sexuales, intimidad. Era un encuentro íntimo, una conexión física que nos hacía sentir vivos. Y aunque nunca fuimos amantes oficiales, sabíamos que nuestra relación era más que amistad.

En la cama, nos perdíamos en un mundo de placer y deseo, donde el tiempo y la realidad se detenían. Él me tomaba en sus brazos, me besaba profundamente, y me metía su polla en mi culo, sintiendo su grosor y su firmeza. Yo gemía de placer, sintiendo su potencia y su vigor.

Era un juego de seducción, un juego de poder y vulnerabilidad. Él me hacía sentir vivo, me hacía sentir como si pudiera volar. Y yo le devolvía el favor, sintiendo su deseo y su pasión.

En ese momento, solo éramos dos cuerpos, unidos por un deseo que nos hacía sentir vivos. Y aunque nunca hablamos sobre ello abiertamente, sabíamos que nuestra relación era algo más que amistad. Era sexo, era placer, era deseo.

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