Mi vecino quiero que follemos fuera en la terraza
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¿Quieres follemos fuera en la terraza?
Recuerdo la noche en que mi vecino me hizo una proposición inesperada. Éramos vecinos de siempre, pero nunca habíamos cruzado la barrera de la amistad. Sin embargo, aquella noche, mientras estábamos sentados en la terraza, disfrutando de la frescura del verano, me miró con una determinación que me dejó sin aliento.
"Quiero que follemos", me dijo con una sonrisa traviesa, mientras sus ojos brillaban con deseo.
Me sentí sorprendido y, al mismo tiempo, intrigado. Nunca había imaginado que mi vecino pudiera sentir algo así por mí. Sin embargo, mi instinto me dijo que debía ser abierto a la posibilidad.
Así que asentí con la cabeza, y mi vecino se levantó de la silla, se acercó a mí y me besó con pasión. Fue como si la atracción entre nosotros hubiera estado latente durante años, esperando a que alguien lo desencadenara.
Me quité la camiseta, y mi vecino me miró con una admiración que me hizo sentir orgulloso de mi cuerpo. Luego, se quitó los pantalones y se acercó a mí, con la polla erecta y lista para hacer su trabajo.
Me senté en la silla, y mi vecino se colocó detrás de mí, con la verga en posición. Me sentí un poco nervioso, pero también emocionado por la aventura que estábamos a punto de compartir.
La penetración fue intensa y placentera. Mi vecino sabía exactamente cómo tocar mi esfínter, cómo estimular mi punto G y hacerme sentir como si estuviera en el cielo.
Me moví en la silla, con un vaivén que me permitió sentir cada centímetro de la polla de mi vecino. Él me embistió con fuerza, y yo me sentí llevado por la pasión y el deseo.
Gemí y jadeé, con la respiración agitada y el cuerpo en tensión. Mi vecino me susurraba al oído, me besaba en el cuello y me acariciaba el cabello.
Finalmente, llegó el clímax, y sentí un orgasmo intenso que me hizo sentir liberado y satisfecho. Mi vecino también llegó al clímax, y juntos nos dimos un abrazo apasionado, con el corazón latiendo fuerte y la sensación de conexión física y emocional que es difícil de describir.
Esa noche, en la terraza, descubrimos una conexión que nos llevó a compartir un encuentro íntimo que nunca olvidaremos. Y aunque la aventura se acabó aquella noche, la memoria de la pasión y el deseo que nos unió sigue viva en nuestros corazones.
Recuerdo la noche en que mi vecino me hizo una proposición inesperada. Éramos vecinos de siempre, pero nunca habíamos cruzado la barrera de la amistad. Sin embargo, aquella noche, mientras estábamos sentados en la terraza, disfrutando de la frescura del verano, me miró con una determinación que me dejó sin aliento.
"Quiero que follemos", me dijo con una sonrisa traviesa, mientras sus ojos brillaban con deseo.
Me sentí sorprendido y, al mismo tiempo, intrigado. Nunca había imaginado que mi vecino pudiera sentir algo así por mí. Sin embargo, mi instinto me dijo que debía ser abierto a la posibilidad.
Así que asentí con la cabeza, y mi vecino se levantó de la silla, se acercó a mí y me besó con pasión. Fue como si la atracción entre nosotros hubiera estado latente durante años, esperando a que alguien lo desencadenara.
Me quité la camiseta, y mi vecino me miró con una admiración que me hizo sentir orgulloso de mi cuerpo. Luego, se quitó los pantalones y se acercó a mí, con la polla erecta y lista para hacer su trabajo.
Me senté en la silla, y mi vecino se colocó detrás de mí, con la verga en posición. Me sentí un poco nervioso, pero también emocionado por la aventura que estábamos a punto de compartir.
La penetración fue intensa y placentera. Mi vecino sabía exactamente cómo tocar mi esfínter, cómo estimular mi punto G y hacerme sentir como si estuviera en el cielo.
Me moví en la silla, con un vaivén que me permitió sentir cada centímetro de la polla de mi vecino. Él me embistió con fuerza, y yo me sentí llevado por la pasión y el deseo.
Gemí y jadeé, con la respiración agitada y el cuerpo en tensión. Mi vecino me susurraba al oído, me besaba en el cuello y me acariciaba el cabello.
Finalmente, llegó el clímax, y sentí un orgasmo intenso que me hizo sentir liberado y satisfecho. Mi vecino también llegó al clímax, y juntos nos dimos un abrazo apasionado, con el corazón latiendo fuerte y la sensación de conexión física y emocional que es difícil de describir.
Esa noche, en la terraza, descubrimos una conexión que nos llevó a compartir un encuentro íntimo que nunca olvidaremos. Y aunque la aventura se acabó aquella noche, la memoria de la pasión y el deseo que nos unió sigue viva en nuestros corazones.
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