Hablábamos de chicas y la cosa se puso caliente
¿Te gustó esta noticia?
0 apoyos
0 apoyos
Lo recuerdo como si fuera ayer. Estábamos en el baño de un bar gay, rodeados de risas y música, cuando de repente cambió el tono de la conversación. Hablábamos de chicas, de sus cuerpos, de sus formas, de sus caras... Y de pronto, la cosa se puso caliente.
Alguien mencionó a una chica en particular, con un cuerpo escultural y una sonrisa que podía iluminar una habitación. La descripción fue tan detallada que nos sentimos como si estuviéramos allí, viéndola, sintiendo su presencia. La imaginación nos llevó a lugares oscuros y excitantes, a la posibilidad de tocarla, de besarla, de hacer el amor con ella.
La conversación se volvió más intensa, más personal. Alguien habló de su propio deseo, de su propia atracción por una chica en particular. Otro se unió, compartiendo sus propias fantasías y pensamientos. La habitación se llenó de un aire de intimidad, de confianza y de deseo.
Y en medio de todo esto, de repente, alguien se levantó y se fue. La conversación se interrumpió, la música volvió a sonar y la habitación se llenó de risas y charlas. Pero yo sabía que no era nada más que una excusa, un pretexto para irse a buscar a alguien que compartiera ese deseo, ese fuego que había prendido en la habitación.
Recuerdo la mirada de alguien, un amigo cercano, que me dijo: "¿Quieres venir conmigo? Hay alguien que quiero conocer". Y yo sabía que no era nada más que una forma de decir: "¿Quieres venir a follar conmigo?". La pregunta estaba implícita, el deseo estaba en el aire.
Así es como funciona, amigos. Así es como funciona el sexo, la atracción, el deseo. No es algo que se hable de manera abierta y directa, sino que se siente, se vive, se experimenta. Y en ese momento, en ese baño de bar gay, sabíamos que estábamos viviendo algo especial, algo que no se olvida fácilmente.
Alguien mencionó a una chica en particular, con un cuerpo escultural y una sonrisa que podía iluminar una habitación. La descripción fue tan detallada que nos sentimos como si estuviéramos allí, viéndola, sintiendo su presencia. La imaginación nos llevó a lugares oscuros y excitantes, a la posibilidad de tocarla, de besarla, de hacer el amor con ella.
La conversación se volvió más intensa, más personal. Alguien habló de su propio deseo, de su propia atracción por una chica en particular. Otro se unió, compartiendo sus propias fantasías y pensamientos. La habitación se llenó de un aire de intimidad, de confianza y de deseo.
Y en medio de todo esto, de repente, alguien se levantó y se fue. La conversación se interrumpió, la música volvió a sonar y la habitación se llenó de risas y charlas. Pero yo sabía que no era nada más que una excusa, un pretexto para irse a buscar a alguien que compartiera ese deseo, ese fuego que había prendido en la habitación.
Recuerdo la mirada de alguien, un amigo cercano, que me dijo: "¿Quieres venir conmigo? Hay alguien que quiero conocer". Y yo sabía que no era nada más que una forma de decir: "¿Quieres venir a follar conmigo?". La pregunta estaba implícita, el deseo estaba en el aire.
Así es como funciona, amigos. Así es como funciona el sexo, la atracción, el deseo. No es algo que se hable de manera abierta y directa, sino que se siente, se vive, se experimenta. Y en ese momento, en ese baño de bar gay, sabíamos que estábamos viviendo algo especial, algo que no se olvida fácilmente.
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios aprobados.