Me arrodillo ante el y le empiezo a comer el pene
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Me arrodillo ante él y le empiezo a comer el pene
Me he dado cuenta de que a muchos hombres les gusta la idea de ser objeto de atención sexual, de ser el centro de atención de su pareja. Y a mí, personalmente, me encanta llevar a cabo esta fantasía con mi amante.
La primera vez que lo hice, fue en una noche de verano en la que nos habíamos acostado juntos en el sofá. Me senté a sus pies, miré hacia arriba y vi su erección. Me levanté, me acerqué a él y comencé a besar su pene. Me sentía excitado y ansioso por explorar su cuerpo de manera más íntima.
Le pasé la lengua por la cabeza de su polla, y luego comencé a bajar hacia la base, bebiendo su sabor y sintiendo su firmeza. Me gustaba cómo se movía su cuerpo, cómo se tensaba y se relajaba con cada caricia.
Me puse de rodillas y comencé a hacerlo de nuevo, esta vez con más intensidad. Me parecía que estaba en un estado de éxtasis, completamente absorbido en el momento. La excitación era palpable, y podía sentir cómo se acercaba el clímax.
De repente, se detuvo y me miró a los ojos. Me dijo que quería sentirme bien, que quería que disfrutara de cada momento. Me miré a mí mismo y supe que estaba en el lugar adecuado, que estaba haciendo lo que quería hacer.
Le devolví la mirada y me puse de nuevo a comer su pene, esta vez con más pasión y deseo. Fue un momento de conexión física profunda, en el que ambos estábamos unidos en nuestro deseo de placer y satisfacción.
La experiencia fue intensa y emocionante, y me hizo recordar por qué amo el sexo. Me hizo recordar la importancia de la comunicación, la confianza y la conexión en la intimidad. Me hizo recordar que el sexo no es solo sobre el placer físico, sino también sobre la conexión emocional y el afecto mutuo.
Y cuando finalmente llegué al clímax, me sentí liberado y satisfecho. Me había dado cuenta de que el sexo puede ser una experiencia verdaderamente transformadora, capaz de conectar a dos personas de manera profunda y significativa.
Me he dado cuenta de que a muchos hombres les gusta la idea de ser objeto de atención sexual, de ser el centro de atención de su pareja. Y a mí, personalmente, me encanta llevar a cabo esta fantasía con mi amante.
La primera vez que lo hice, fue en una noche de verano en la que nos habíamos acostado juntos en el sofá. Me senté a sus pies, miré hacia arriba y vi su erección. Me levanté, me acerqué a él y comencé a besar su pene. Me sentía excitado y ansioso por explorar su cuerpo de manera más íntima.
Le pasé la lengua por la cabeza de su polla, y luego comencé a bajar hacia la base, bebiendo su sabor y sintiendo su firmeza. Me gustaba cómo se movía su cuerpo, cómo se tensaba y se relajaba con cada caricia.
Me puse de rodillas y comencé a hacerlo de nuevo, esta vez con más intensidad. Me parecía que estaba en un estado de éxtasis, completamente absorbido en el momento. La excitación era palpable, y podía sentir cómo se acercaba el clímax.
De repente, se detuvo y me miró a los ojos. Me dijo que quería sentirme bien, que quería que disfrutara de cada momento. Me miré a mí mismo y supe que estaba en el lugar adecuado, que estaba haciendo lo que quería hacer.
Le devolví la mirada y me puse de nuevo a comer su pene, esta vez con más pasión y deseo. Fue un momento de conexión física profunda, en el que ambos estábamos unidos en nuestro deseo de placer y satisfacción.
La experiencia fue intensa y emocionante, y me hizo recordar por qué amo el sexo. Me hizo recordar la importancia de la comunicación, la confianza y la conexión en la intimidad. Me hizo recordar que el sexo no es solo sobre el placer físico, sino también sobre la conexión emocional y el afecto mutuo.
Y cuando finalmente llegué al clímax, me sentí liberado y satisfecho. Me había dado cuenta de que el sexo puede ser una experiencia verdaderamente transformadora, capaz de conectar a dos personas de manera profunda y significativa.
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