El negro me puso a cuatro patas me la metió hasta el fondo
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El momento exacto en que todo se desató fue cuando el negro me puso a cuatro patas, sus manos fuertes y firmes sobre mis hombros, su aliento cálido en mi piel. Me di cuenta de que estaba a punto de perder el control, de que mi cuerpo ya estaba listo para recibirlo. Su verga, dura y firme, se acercó lentamente a mi ano, y yo sentí un escalofrío de anticipación.
Me metió hasta el fondo, y el impacto fue intenso. Sentí una explosión de placer, como si mi cuerpo se hubiera vuelto a juntar en ese momento. Su movimiento fue suave y lento al principio, pero pronto se convirtió en una embestida frenética, como si estuviera tratando de llegar al clímax lo antes posible.
Yo jadeaba y gemía, mi cuerpo sacudiéndose bajo su penetración. Sentía su potencia, su vigor, su grosor y longitud, y me encantaba cada momento de nuestro encuentro íntimo. Él me había encontrado un lugar en el que mi cuerpo se sentía vivo, donde podía dejar ir y simplemente disfrutar del momento.
Su trasero me golpeaba con fuerza, y yo sentía un placer intenso en cada movimiento. Su tacto era firme, su piel cálida y suave al tacto. Me había convertido en su esclavo de placer, listo para recibir cualquier cosa que él quisiera hacerme.
Fue un encuentro inolvidable, uno que me dejó sin aliento y me hizo sentir vivo. Fue un momento de conexión física profunda, donde todo lo que importaba era el placer mutuo y el deseo desatado que nos unía. Y aunque no sé cuánto tiempo más lo hicimos, sé que fue un momento que nunca olvidaré.
Me metió hasta el fondo, y el impacto fue intenso. Sentí una explosión de placer, como si mi cuerpo se hubiera vuelto a juntar en ese momento. Su movimiento fue suave y lento al principio, pero pronto se convirtió en una embestida frenética, como si estuviera tratando de llegar al clímax lo antes posible.
Yo jadeaba y gemía, mi cuerpo sacudiéndose bajo su penetración. Sentía su potencia, su vigor, su grosor y longitud, y me encantaba cada momento de nuestro encuentro íntimo. Él me había encontrado un lugar en el que mi cuerpo se sentía vivo, donde podía dejar ir y simplemente disfrutar del momento.
Su trasero me golpeaba con fuerza, y yo sentía un placer intenso en cada movimiento. Su tacto era firme, su piel cálida y suave al tacto. Me había convertido en su esclavo de placer, listo para recibir cualquier cosa que él quisiera hacerme.
Fue un encuentro inolvidable, uno que me dejó sin aliento y me hizo sentir vivo. Fue un momento de conexión física profunda, donde todo lo que importaba era el placer mutuo y el deseo desatado que nos unía. Y aunque no sé cuánto tiempo más lo hicimos, sé que fue un momento que nunca olvidaré.
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