Mi primera vez en los lavabos públicos
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Recuerdo la emoción que sentí cuando me dirigí a los lavabos públicos por primera vez. Había estado saliendo con un hombre durante semanas, y la tensión sexual entre nosotros había llegado a un punto crítico. Era hora de tomar el paso siguiente.
Los lavabos estaban llenos de gente, pero mi compañero y yo nos miramos y nos conocimos en un rincón oscuro. No había palabras, solo una mirada que decía: "¿Qué vamos a hacer ahora?". Y luego, sin decir nada, nos dimos cuenta de que estábamos dispuestos a explorar juntos.
Me bajé los pantalones y mi compañero se puso detrás de mí. El tacto de su mano en mi trasero me hizo sentir un arrebato de deseo. Me apoyé en la pared y me preparé para lo que iba a suceder. La primera embestida fue fuerte y rápida, y sentí una sensación de liberación que me llevó a un clímax intenso.
Pero el sexo en los lavabos no era solo sobre la pasión. Era sobre la exploración mutua, sobre descubrir los límites y los deseos del otro. Me sentí conectado a mi compañero de una manera profunda y real. La tensión sexual que había estado acumulando se liberó en un momento de placer compartido.
Después, nos miramos y sonreímos. Sabíamos que habíamos tomado un paso importante en nuestra relación. Y aunque no habíamos hablado de sexo seguro, sabíamos que lo que habíamos hecho había sido seguro, porque había sido algo natural y espontáneo.
Recuerdo la sensación de alivio y satisfacción que sentí después de aquel encuentro. Habíamos encontrado un lenguaje común, un idioma que no necesitaba palabras. Y desde ese momento, supimos que nuestro sexo sería una parte integral de nuestra relación.
Los lavabos estaban llenos de gente, pero mi compañero y yo nos miramos y nos conocimos en un rincón oscuro. No había palabras, solo una mirada que decía: "¿Qué vamos a hacer ahora?". Y luego, sin decir nada, nos dimos cuenta de que estábamos dispuestos a explorar juntos.
Me bajé los pantalones y mi compañero se puso detrás de mí. El tacto de su mano en mi trasero me hizo sentir un arrebato de deseo. Me apoyé en la pared y me preparé para lo que iba a suceder. La primera embestida fue fuerte y rápida, y sentí una sensación de liberación que me llevó a un clímax intenso.
Pero el sexo en los lavabos no era solo sobre la pasión. Era sobre la exploración mutua, sobre descubrir los límites y los deseos del otro. Me sentí conectado a mi compañero de una manera profunda y real. La tensión sexual que había estado acumulando se liberó en un momento de placer compartido.
Después, nos miramos y sonreímos. Sabíamos que habíamos tomado un paso importante en nuestra relación. Y aunque no habíamos hablado de sexo seguro, sabíamos que lo que habíamos hecho había sido seguro, porque había sido algo natural y espontáneo.
Recuerdo la sensación de alivio y satisfacción que sentí después de aquel encuentro. Habíamos encontrado un lenguaje común, un idioma que no necesitaba palabras. Y desde ese momento, supimos que nuestro sexo sería una parte integral de nuestra relación.
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