El francés la tenia muy grande apenas me cabía en la boca
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Recuerdo la noche en que mi amante francés me abrazó con una pasión desatada. Era como si hubiera estado esperando toda su vida para sentirme contra su cuerpo, para experimentar la conexión física que nos unía en ese momento.
Era grande, mucho más de lo que me había imaginado. Cuando me la metí en la boca, apenas cabía, era como si mi cabeza estuviera en una presión constante. Me sentí pequeño, vulnerable, pero al mismo tiempo, estaba excitado, enardecido por la experiencia.
La primera vez que me la metí en el culo, fue como si hubiera estado esperando toda mi vida para sentir ese placer. Me sentí lleno, completo, como si mi cuerpo estuviera siendo saciado de una forma que nunca había experimentado antes.
Recuerdo la forma en que me embestía, con fuerza y pasión, como si estuviera en un estado de trance. Me sentía en un lugar de absoluta liberación, como si no hubiera nada más en el mundo aparte de nosotros dos.
Esa noche, me di cuenta de que el sexo no era solo un acto físico, sino una conexión emocional profunda que nos unía en un nivel que nunca había experimentado antes. Fue como si hubiéramos encontrado un lenguaje común, una forma de comunicarnos que no necesitaba palabras.
Desde ese día, no he podido olvidar la sensación de estar con él, de sentir su cuerpo contra el mío, de experimentar el placer que nos unía en una forma que nunca había imaginado. Fue como si hubiera descubierto un nuevo lado de mí mismo, un lado que me permitía sentirme vivo, sentirme completo.
Era grande, mucho más de lo que me había imaginado. Cuando me la metí en la boca, apenas cabía, era como si mi cabeza estuviera en una presión constante. Me sentí pequeño, vulnerable, pero al mismo tiempo, estaba excitado, enardecido por la experiencia.
La primera vez que me la metí en el culo, fue como si hubiera estado esperando toda mi vida para sentir ese placer. Me sentí lleno, completo, como si mi cuerpo estuviera siendo saciado de una forma que nunca había experimentado antes.
Recuerdo la forma en que me embestía, con fuerza y pasión, como si estuviera en un estado de trance. Me sentía en un lugar de absoluta liberación, como si no hubiera nada más en el mundo aparte de nosotros dos.
Esa noche, me di cuenta de que el sexo no era solo un acto físico, sino una conexión emocional profunda que nos unía en un nivel que nunca había experimentado antes. Fue como si hubiéramos encontrado un lenguaje común, una forma de comunicarnos que no necesitaba palabras.
Desde ese día, no he podido olvidar la sensación de estar con él, de sentir su cuerpo contra el mío, de experimentar el placer que nos unía en una forma que nunca había imaginado. Fue como si hubiera descubierto un nuevo lado de mí mismo, un lado que me permitía sentirme vivo, sentirme completo.
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