Mantengo relaciónes sexuales con mi primo
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Recuerdo la primera vez que sucedió. Estábamos en una fiesta, rodeados de amigos y música que hacía vibrar el ambiente. Mi primo, que siempre había sido alguien cercano a mí, se acercó y me miró con una intensidad que me hizo sentir una mezcla de nerviosismo y atracción. Nosotros siempre habíamos tenido una conexión especial, pero nunca habíamos pasado de besar y bromear.
Esa noche, sin embargo, todo cambió. Su mirada me hizo sentir vulnerable, pero también atraído. Recuerdo que me miró a los ojos y me dijo: "Quiero besarte". Y así lo hice. Nuestros labios se encontraron en un beso profundo, lleno de pasión y deseo. Fue como si el tiempo se detuviera.
Desde ese momento, nuestra relación cambió. Empezamos a explorar nuestros límites, a descubrir qué nos atraía y qué nos gustaba. Comenzamos a tener sexo, primero en la intimidad de nuestras habitaciones, y luego en lugares más íntimos, como hoteles y apartamentos de alquiler.
Recuerdo la primera vez que nos follamos. Fue en mi habitación, después de una noche de beber y hablar sobre nuestros deseos. Me acosté en la cama, y él se acercó a mí, con una erección visible en su ropa. Me miró a los ojos y me dijo: "Quiero metérmela". Y así lo hizo. Fue un momento de conexión profunda, de liberación y placer compartido.
Desde entonces, nuestra relación se ha convertido en algo regular. Nos vemos con frecuencia, y siempre tenemos sexo. Es una conexión que nos llena de pasión y deseo, y que nos hace sentir vivos.
A veces me pregunto si nuestra relación es normal, si es lo que debería ser. Pero la verdad es que no me importa. Lo que importa es el placer que nos damos, la conexión que sentimos, y la pasión que nos consume.
Y así es como vivimos nuestra relación, sin juzgarla, sin etiquetarla, y sin preocuparnos por lo que otros puedan pensar. Solo nos importa el uno al otro, y el placer que nos damos.
Esa noche, sin embargo, todo cambió. Su mirada me hizo sentir vulnerable, pero también atraído. Recuerdo que me miró a los ojos y me dijo: "Quiero besarte". Y así lo hice. Nuestros labios se encontraron en un beso profundo, lleno de pasión y deseo. Fue como si el tiempo se detuviera.
Desde ese momento, nuestra relación cambió. Empezamos a explorar nuestros límites, a descubrir qué nos atraía y qué nos gustaba. Comenzamos a tener sexo, primero en la intimidad de nuestras habitaciones, y luego en lugares más íntimos, como hoteles y apartamentos de alquiler.
Recuerdo la primera vez que nos follamos. Fue en mi habitación, después de una noche de beber y hablar sobre nuestros deseos. Me acosté en la cama, y él se acercó a mí, con una erección visible en su ropa. Me miró a los ojos y me dijo: "Quiero metérmela". Y así lo hizo. Fue un momento de conexión profunda, de liberación y placer compartido.
Desde entonces, nuestra relación se ha convertido en algo regular. Nos vemos con frecuencia, y siempre tenemos sexo. Es una conexión que nos llena de pasión y deseo, y que nos hace sentir vivos.
A veces me pregunto si nuestra relación es normal, si es lo que debería ser. Pero la verdad es que no me importa. Lo que importa es el placer que nos damos, la conexión que sentimos, y la pasión que nos consume.
Y así es como vivimos nuestra relación, sin juzgarla, sin etiquetarla, y sin preocuparnos por lo que otros puedan pensar. Solo nos importa el uno al otro, y el placer que nos damos.
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