Me follan eel culo en el sofá
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Recuerdo esa noche en la que mi pareja, Alex, se acercó a mí con una sonrisa pícara en el rostro. Estábamos en mi apartamento, y la atmósfera era tensa con deseo. Me miró a los ojos y dijo: "Quiero metérmela". Sabía exactamente lo que quería decir.
Me levanté del sofá y lo seguí a la cocina, donde había preparado un lugar especial para nuestra noche de sexo. La habitación estaba iluminada con luces suaves, y el aire estaba cargado de anticipación. Me quité la ropa, y Alex se acercó a mí, su polla erecta visible a través de sus pantalones.
Me besó profundamente, y luego me empujó hacia la mesa de la cocina. Me senté, y Alex se puso detrás de mí, su mano en mi trasero, acariciando mi culo. Me dijo: "Quiero que me follote". Mi corazón latía fuerte, y mi cuerpo se estaba preparando para el placer que se avecinaba.
Alex me metió una mano en el ano, y yo sentí un escalofrío de placer. Me dijo que era hora de empezar, y se puso su verga en mi culo. Sentí un momento de tensión, pero luego, con un movimiento suave, se metió dentro de mí. Me di cuenta de que era perfecto.
El sexo fue intenso y apasionado. Nos movimos en un vaivén perfecto, nuestro cuerpo unido en un solo movimiento. Me sentía completamente en la piel, conectado con Alex de manera física y emocional. El orgasmo llegó rápido, y me dejé llevar por la liberación del placer.
Después de un rato de jadeos y respiración agitada, nos detuvimos, y nos miramos a los ojos. Ambos sabíamos que habíamos compartido algo especial, algo que iba más allá de la simple atracción sexual. Habíamos conectado en un nivel profundo, y eso era lo que hacía que el sexo fuera tan intenso y gratificante.
En ese momento, me di cuenta de que el sexo no era solo una actividad física, sino una forma de conexión emocional y espiritual. Y cuando Alex me dijo que quería volver a hacerlo, yo sabía que estaba dispuesto a compartir ese momento de conexión una y otra vez.
Me levanté del sofá y lo seguí a la cocina, donde había preparado un lugar especial para nuestra noche de sexo. La habitación estaba iluminada con luces suaves, y el aire estaba cargado de anticipación. Me quité la ropa, y Alex se acercó a mí, su polla erecta visible a través de sus pantalones.
Me besó profundamente, y luego me empujó hacia la mesa de la cocina. Me senté, y Alex se puso detrás de mí, su mano en mi trasero, acariciando mi culo. Me dijo: "Quiero que me follote". Mi corazón latía fuerte, y mi cuerpo se estaba preparando para el placer que se avecinaba.
Alex me metió una mano en el ano, y yo sentí un escalofrío de placer. Me dijo que era hora de empezar, y se puso su verga en mi culo. Sentí un momento de tensión, pero luego, con un movimiento suave, se metió dentro de mí. Me di cuenta de que era perfecto.
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