Mi padre me la mete por el culo
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Me acuerdo de la primera vez que mi padre me hizo esto. Éramos un par de adolescentes y estábamos en una de esas noches en las que la curiosidad nos había llevado a explorar límites. Recuerdo que estaba acostado en la cama, con la ropa puesta, y él se acercó a mí con una mirada intensa. Me miraba fijamente a los ojos, y yo podía sentir su deseo y su curiosidad.
Él se quitó la ropa y se acercó a mí, su verga visible y erecta. Me la metió por el culo, y yo sentí un dolor intenso al principio. Pero a medida que él se movía, el dolor se convirtió en placer, y yo comencé a sentir una excitación creciente. Me gustaba el tacto de su cuerpo, la sensación de su verga dentro de mí, y la manera en que él me miraba con una pasión desatada.
Esa noche fue el comienzo de una relación intensa y apasionada entre nosotros. Comenzamos a explorar nuestro deseo mutuo, a jugar con la sensibilidad y la excitación, y a descubrir nuevas formas de hacer el amor. Era un juego erótico que nos llevó a un clímax de placer y liberación.
Con el tiempo, nuestra relación se convirtió en algo más que solo sexo. Comenzamos a conectarnos a nivel emocional, a compartir nuestros miedos y nuestros deseos, y a construir una conexión más profunda. Él se convirtió en mi compañero íntimo, mi amante y mi amigo.
Aunque nuestra relación no fue fácil, y hubo momentos en los que nos enfrentamos a desafíos y conflictos, siempre encontramos la manera de superarlos y de seguir adelante. Y en el centro de todo, siempre estuvo el sexo, el placer y la conexión que compartíamos.
En retrospectiva, puedo ver que nuestra relación fue un proceso de descubrimiento y exploración, tanto física como emocionalmente. Fue un viaje hacia la intimidad y la conexión, y uno que me enseñó a valorar la sensualidad y la pasión en mi vida.
Hoy en día, aunque nuestra relación ha cambiado con el tiempo, siempre recordaré la intensidad y la pasión que compartimos en aquellos momentos. Y aunque no siempre ha sido fácil, sé que nuestra conexión fue auténtica y real.
Él se quitó la ropa y se acercó a mí, su verga visible y erecta. Me la metió por el culo, y yo sentí un dolor intenso al principio. Pero a medida que él se movía, el dolor se convirtió en placer, y yo comencé a sentir una excitación creciente. Me gustaba el tacto de su cuerpo, la sensación de su verga dentro de mí, y la manera en que él me miraba con una pasión desatada.
Esa noche fue el comienzo de una relación intensa y apasionada entre nosotros. Comenzamos a explorar nuestro deseo mutuo, a jugar con la sensibilidad y la excitación, y a descubrir nuevas formas de hacer el amor. Era un juego erótico que nos llevó a un clímax de placer y liberación.
Con el tiempo, nuestra relación se convirtió en algo más que solo sexo. Comenzamos a conectarnos a nivel emocional, a compartir nuestros miedos y nuestros deseos, y a construir una conexión más profunda. Él se convirtió en mi compañero íntimo, mi amante y mi amigo.
Aunque nuestra relación no fue fácil, y hubo momentos en los que nos enfrentamos a desafíos y conflictos, siempre encontramos la manera de superarlos y de seguir adelante. Y en el centro de todo, siempre estuvo el sexo, el placer y la conexión que compartíamos.
En retrospectiva, puedo ver que nuestra relación fue un proceso de descubrimiento y exploración, tanto física como emocionalmente. Fue un viaje hacia la intimidad y la conexión, y uno que me enseñó a valorar la sensualidad y la pasión en mi vida.
Hoy en día, aunque nuestra relación ha cambiado con el tiempo, siempre recordaré la intensidad y la pasión que compartimos en aquellos momentos. Y aunque no siempre ha sido fácil, sé que nuestra conexión fue auténtica y real.
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